Hola a todos!

El día de hoy merece escribir un post un poco más personal que lo que vengo acostumbrando, y es que hoy hace exactamente un año que aterricé por primera vez en Como, dejando atrás todo lo demás.

No se cómo resumir ni mucho menos transmitir todas las experiencias vividas en estos doce meses, es imposible describir todas las emociones, el tiempo ha dado mucho de sí.

Y menos mal que todavía quedan por delante muchas otras cosas que vivir, que mi aventura dura dos años. Cuando empecé con todo esto tenía la pequeña duda de si quizás el primer año iba a divertirme (por la novedad y porque era lo que perseguía desde el fondo de mi corazón), pero afrontar el segundo año me iba a dar pereza. Nada de eso, cada día estoy más encantada con “mi vida hippy” en Como, como yo la llamo. Y siempre que vengo a España, vuelvo de nuevo a Como con ilusión.
El lago, las montañas, el verde, el idioma, mi bicicleta, y ese “freedom” que siento viviendo allí me han atrapado. Os lo digo, irse una temporada al extranjero puede entrañar cierto peligro, al menos si se aterriza en un rincón tan bonito como Como (¿valga la redundancia?).

Mi vida ya no tiene nada que ver con lo que era antes: Zaragoza, trabajo fijo, novio, grupo de amigos de toda la vida, hipoteca, etc, y probablemente ha cambiado para siempre, o no, quien sabe.

También a lo largo del año todo ha ido evolucionando, las etapas se van enlazando unas detrás de otras, primero todo es desconocido, dificultades, luego viene el asentamiento, los lazos entre la gente se estrechan; hasta cuando uno se ha acostumbrado a la nueva vida también se sigue evolucionando y cada vez te desenvuelves mejor en el nuevo país, al mismo tiempo que también exiges más cosas nuevas o te cansas de otras…

Este año he vivido muy deprisa. Hace unas semanas me di cuenta de que me habían pasado tantas cosas que no había tenido tiempo de asimilarlas, de serenarme y pensar con calma en todo lo acontecido. Las cosas no sólo se disfrutan en el momento en el que ocurren sino después, cuando se recuerdan y cuando se añoran, y cuando me planté en agosto en España dando por finalizado el año, me paré a recapacitar y descubrí de que había llevado un ritmo vertiginoso.

Tengo pendiente contar dónde he estado (no con quién jeje) este veranito, que ha transcurrido entre España e Italia rebotando continuamente, he pasado tiempo en España en Julio, Agosto y Septiembre.

Pero hoy me proponía hacer balance del año en su totalidad, cosa imposible. Haciendo analogía a algo, ha sido como un conjunto de toboganes de los de parque acuático, con subidas y bajadas, algunas en picado, giros y tramos de acelerón y de frenada.

Los inicios fueron duros pero la ilusión podía con todo, aunque allá por noviembre una temporada se me hizo cuesta arriba; pero pronto empezaron semanas frenéticas de actividades y fiestas. Diciembre fue increíble.
A la vuelta de navidades las cosas se fueron tranquilizando y llegó un periodo frío seguido de exámenes que también fueron seguidos de una especie de “crisis personal”. Pero con el segundo semestre entre marzo y abril comenzó una época muy buena que incluso mejoró en mayo y llegó junio que fue un mes feliz de trabajo duro. En julio llegaron de nuevo momentos difíciles, vamos un auténtico tobogán de vida! Todo esto salteado con siete visitas a España y unos cuantos viajes por el extranjero y dentro de Italia.

He conocido a mucha mucha gente, con algunas personas los lazos se estrechan tanto que no quieres imaginar tu vida sin que sigan ahí a tu lado. Pero no me he desvinculado de mis viejas amistades en España, cada visita a casa me hacía ilusión por ver a mi gente aquí a la que se echa tanto de menos.

Este segundo año promete igualmente, supongo que será diferente pero también muy especial.

Un abrazo.