¡Hola a todos!
Termina el fin de semana y me encantaría contaros que he salido de fiesta que nos lo hemos montado genial y tal… pero me temo que no va a ser así. Aquí estamos todos ya hincando los codos, y este fin de semana me ha tocado terminar un trabajo de investigación para la asignatura de marketing, que menos mal que en mis “vacaciones” en España me lo dejé bien planteado y avanzado, que si no…
Pero bueno, es lo que tiene la vida de estudiante, que las fiestas se paran por exámenes, pero aún así he hecho cosas chulas.
No me quería ir a la cama sin contar que ¡ me he comprado una bici! A mí me encantan las bicicletas, y al saber que me venía a Como pensé en hacerme con una, pero aquí no hay ni un solo carril bici, y como además la universidad está justo al lado, se me fue un poco la idea.
Pero nada más volver de vacaciones Ayman me dijo que nos teníamos que comprar una bici, y tras un intento fallido por encontrar nuestras bicis el fin de semana anterior, el otro día salimos a por todas, queríamos algo barato, aunque no fuese nuevo, y finalmente en una tiendecilla nos sacaron un par de bicicletas viejas viejas por setenta euros cada una que, todo sea dicho, me parece un robo para los tastarros que nos llevamos, pero, al fin y al cabo, un vehículo es.
Y ojo al pequeño detalle porque Ayman después de convencerme, resulta que no sabía ir en bici así que tuvimos que llevarnos las bicis a su casa “en la mano”. Aun así yo me muero de miedo si me meto por los carriles ahí con los coches así que de momento tiro de acera…
Hoy, con un poco más de dominio de la bici nos hemos ido a dar un paseíllo, y la verdad es que estoy muy contenta con mi nueva “vieja” adquisición.
Todo un remedio antiestrés.
Un besico


