Bueno, pues ya estamos en Como.
Ayer el aeropuerto de Zaragoza, si se le puede llamar aeropuerto porque es muy piccolo, estaba como nunca a rebosar, pero no hubo ningún problema y el vuelo cumplió horario. Pude ir en ventanilla que es mi sitio favorito, y compartí fila con un nene y una nena de cuatro y seis añitos con los que practiqué mi italiano más básico, come ti chiami? Cuanti anni hai? Y esas cosas, la cosa es aprovechar la más mínima oportunidad para hablar un poco.
Ya en el aeropuerto, autobús a Milano y unas pocas peripecias hasta llegar a Como, pues no pude coger un tren que había salido desde la estación Centrale así que en metro me fui a Porta Garibaldi. Loli, Sari, ya he sufrido todos los horrores de Porta Garibaldi, la estación fantasma, pero me pude hasta comprar el billete en una máquina automática y con el estrés de buscar el andén más escondido me metí al tren sin convalidarlo, pero un conductor de trenes muy amable me lo convalidó a mano para que no tuviese que dar toda la vuelta a la “estación”.
Entre pitos y flautas eran las doce cuando llegué a mi casita, con Haili y Fang Fang que me guardaban un potaje chino, así que cené dos veces como viene siendo costumbre por aquí. También saludé a mi hermanito Lei Hao, que se había ido de compras a las rebajas de Milano, y que se me está poniendo cada vez más a la moda y más guapo.
Y aún me quedaba gente a la que quería ver así que me fui a Via Pannilani para saludar a Ayman, Michal, Dominic y Kuba, me tomé un copazo de una bebida típica Polaca y así transcurrió mi primera noche en Como.
Seguiremos contando cosicas desde aquí. Un abrazo.


